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Desempolvando viejos recuerdos encontré algunas remembranzas de esas gloriosas épocas cuando el estadio Libertad era el fortín del Deportivo Pasto, una plaza invencible y temida para los visitantes.

Desde 1999 Pasto se volvió una ciudad futbolera, el equipo nariñense se convirtió en el hábito dominguero, familias enteras hacían largas filas para ingresar a las graderías metálicas o las terrazas de las casas que se convertían en las tribunas alternas.

Han pasado varios años y el Deportivo Pasto se transformó en una montaña rusa de emociones, unas tristes y otras de completa alegría. Recuerdo muy bien en el 2000 y 2001 cuando el equipo con muchas dificultades salvó la categoría y luego de pasar tragos tan amargos,  un año más tarde logramos pasar a la primera  final del fútbol profesional colombiano.

En diciembre de 2002 nos llegó la primera felicidad y aunque perdimos con Medellín, jamás se olvidará el sentimiento de emoción cuando el Libertad se tiñó de amarillo, azul y rojo y  en coro todos gritaban ¡Campeón, Pasto, Campeón!

Eran tiempos difíciles, sin estrellas, reencauchando jugadores veteranos que llegaron al equipo pastuso y como el ave fénix renacieron. También fueron años gloriosos porque el Libertad era un campo de batalla donde ningún equipo salía vencedor. Los goles iban y venían, era una alegría infinita acabar un domingo con una sonrisa por los tres puntos conseguidos.

Pasó el tiempo, jugadores, dirigentes y técnicos, pero la hinchada, fiel y leal siguió apoyando a la escuadra que el 2006 volvió a marcar historia. Fuimos campeones, y de eso nunca nos vamos a olvidar, porque pudimos contra todos los pronósticos derrotar la incredulidad en un equipo venido a más.

Y así llegaron otras experiencias como la triste Libertadores, algunos torneos fallidos  y un descenso que nos marcó el alma y el corazón. Pero volvieron los tiempos de gloria y otra vez estuvimos en una final. Lloramos y sufrimos porque no alcanzamos el objetivo, aunque sin lugar a dudas en el 2012 tuvimos un equipo de guerreros dentro y fuera de la cancha. Más tarde llegaría la Suramericana que nos consagró. Nadie se imaginó al Pasto enfrentando al gran Colo Colo de Chile con tanta superioridad y ganando en tierras australes.

De un tiempo acá las cosas no marchan bien, de ese imbatible estadio Libertad ya no queda nada. Es triste, pero la misma historia nos demuestra que el fútbol en Pasto ha sido un ir y venir de sentimientos y emociones.

Quizá hoy la crisis apremie, los problemas financieros presionen y el descenso nos quite el sueño, pero como verdaderos hinchas y en nombre de esa fidelidad eterna que le profesamos al equipo seguiremos ahí, en las buenas y en las malas, confiando en que vendrán tiempos mejores y nuevamente celebraremos juntos en el Libertad.

 

Por: Carolina Santacruz

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