Ricardo Sarasty

“¡Colombia patria mía! Té llevo con amor en mi corazón, creo en tu destino y espero verte siempre grande, respetada y libre.” Este es un aparte de la oración a la patria que los miembros de las fuerzas armadas recitan y que el electo presidente también lo hizo en su primer discurso como candidato ganador la noche del 21 de junio, en un arrebato sentimental que debió poner en evidencia su amor por la patria, tal como se supone que debe de hacerlo todo soldado, principalmente, pero también cada colombiano, así como comenzó a promoverse durante el siglo XIX, con calidad de virtud. Para entonces en el marco del romanticismo la palabra patria deja de significar  terruño donde se nace, vive y muere, para  nombrar con ella un ideal que insufla los sentimientos ante la razón en tanto que se requiere enardecer los ánimos, para lograrlo al decir patria ya no se aludirá a  lo concreto com riqueza natural,  cultura, paisaje y la gente o cuando se haga será  como parte de un conjunto de entidades abstractas a las que se les comienza a rendir culto, arquetipos de la perfección que entre más  apartados de lo mundano y cercanos a lo divino permanezcan serán considerados mayormente sagrados.

Es así como adquieren valor sacrosanto principalmente los llamados símbolos patrios: la bandera, el escudo y el himno. Un himno es una composición poética elaborada con el propósito de alabar a los dioses y más después enaltecer a los héroes, seres transformados en sobrehumanos, por virtud de haber entregado su existencia en pro de la patria, entiéndase Narnia o lo más cercano a la Arcadia, lugares nada cercanos al pedazo real de tierra en donde fueron concebidos los campesinos y obreros mortales sacrificados en los campos de batalla, no los centauros o ciclopes presentes únicamente en los versos. El escudo es la pieza de metal o madera sobre la cual se pintan o graban los emblemas más representativos de la patria o de ese lugar distópico por lo tanto igual de irreales, pues el ave insignia que se posa sobre el estandarte donde se leen las palabras libertad y orden ya casi es en otra ave fénix, las cornucopias de la abundancia, el gorro frigio que identificó en su momento a los revolucionarios franceses que lucharon por la libertad y por último la estrecha franja de tierra donde hoy se encuentra la república de Panamá, no son más que parte del relato que da cuenta de la existencia de un país soñado.

El escudo está enmarcado con la bandera ideada por Francisco Miranda para emblema del ejercito insurgente que peleo por la independencia de esa gran ilusión que fue la Gran Colombia. Una bandera es una tela recortada comúnmente en forma rectangular, asegurada en uno de sus lados a una asta o a una cuerda a manera de driza que sirve para izarla, pues debe verse flameando en los campos de batalla al frente de los bandos en contienda y por sobre las edificaciones oficiales para dar a conocer posición soberana. Llama la atención ahora verla como camiseta con marca de fábrica extranjera sobre cualquier lugar para promocionar, a lo mejor como parte de la patria, los beneficios ideales de cualquier producto comercial.

La patria como objeto de amor ideal sirvió para separar a los hijos de sus padres, a las esposas de sus maridos y a los novios de sus novias. Pues la retórica nacionalista convoca a amarla visceralmente sin escatimar nada que se ligue a ella, con tanta pasión que la vida es poco para ofrendar en su nombre. Así se llamaron a las guerras fratricidas los que ansiaron un puesto al lado de los dioses gobernándola, cual cesares de la decante Roma, coronados con laureles.