¿EN QUÉ CONSISTE LA DIGNIDAD HUMANA?
Muchos, y con razón, nos quejamos de los males de la humanidad: Guerras, migraciones forzadas, crimen organizado, economía descontrolada, conflictos internos, polarización política, falta de libertades, desaparecidos, asesinatos, secuestros, robos, asaltos, discriminaciones, corrupción, etc. A esto podemos agregar los problemas más comunes y caseros, como pleitos y separaciones conyugales, abandono de los hijos, divisiones familiares, falta de trabajo, enfermedades, falta de dinero sobre todo para alimentos y medicinas, pobreza en general, etc.
A pesar de estos y muchos otros males, que son innegables, también es necesario resaltar lo más positivo de la humanidad, pues abundan más las personas buenas y las acciones positivas, como tantos padres y madres responsables, hijos obedientes, estudiosos y colaboradores en el hogar y en la comunidad, vecinos amables, médicos y enfermeras muy atentos, algunos profesores muy dedicados, organizaciones comunitarias, pueblos y barrios pacíficos, obras de beneficencia social, campesinos muy trabajadores, obispos, sacerdotes, diáconos, religiosas y catequistas entregados, con parroquias muy eucarísticas y apostólicas, y tantas otras personas que son ejemplares en su vida, en su familia y en su trabajo, que sería imposible enumerarlos.
La razón fundamental de la bondad del hombre y la mujer es ser creados a imagen y semejanza de Dios. Su dignidad no depende de las capacidades que posee, de las riquezas o del rol que desempeña, ni de las decisiones justas o equivocadas que toma.
Esta dignidad está dada por Dios como expresión de su amor que nunca falla. Y de ello se deriva la existencia de derechos que corresponden a todos por el simple hecho de ser personas. Ningún poder humano puede legítimamente negarlos o limitarlos arbitrariamente.
Por tanto, los derechos humanos son inviolables, porque son inherentes a la persona humana y a su dignidad. En consecuencia, son universales e inalienables… Sería vano proclamar derechos, si al mismo tiempo no se pone en práctica todo lo necesario para asegurar el deber de respetarlos, por todos, en todas partes y para todos. Entre estos, el primer derecho humano es el derecho a la vida, desde la concepción hasta su fin natural, sin el cual es imposible ejercitar cualquier otro derecho. Cuando este derecho fundamental es negado (como sucede con el aborto provocado, el asesinato de inocentes y la eutanasia), nos encontramos frente a decisiones que la Iglesia juzga gravemente ilícitas.
Así mismo, no es suficiente afirmar con palabras que hombres y mujeres tienen la misma dignidad y los mismos derechos; es necesario que esto se traduzca en decisiones concretas, en las leyes, en el acceso al trabajo, a la educación, a las responsabilidades sociales y políticas.