¿Hizo falta Marcelo Martins en el repechaje? la gran pregunta después de la eliminación de Bolivia
La derrota de Selección de Bolivia ante Selección de Irak dejó más que un resultado adverso: expuso una preocupante falta de lectura desde el banquillo y una decisión que hoy genera fuertes cuestionamientos. El equipo produjo, insistió y llegó, pero careció de lo más importante: un definidor.
El volumen ofensivo fue evidente. Bolivia cargó el área rival con más de 20 centros y generó alrededor de 16 tiros de esquina, cifras que en cualquier contexto deberían traducirse en peligro constante. Sin embargo, todo ese esfuerzo se diluyó ante la ausencia de un referente claro en el juego aéreo.
La responsabilidad ofensiva recayó en un delantero que nunca logró imponerse. Godoy fue ampliamente controlado por los centrales iraquíes, perdiendo la mayoría de los duelos y sin lograr posicionarse como opción real dentro del área. Cada centro parecía condenado a perderse sin un destinatario capaz de marcar diferencias.
Desde el banco, Óscar Villegas reaccionó tarde y sin claridad. El ingreso de Monteiro buscó reforzar el ataque con otro “9”, pero el problema persistió: ni la precisión de los centros ni el peso en el área mejoraron. La acumulación de delanteros no solucionó la falta de contundencia.
La crítica, sin embargo, va más allá del desarrollo del partido. La ausencia de un delantero con experiencia y capacidad comprobada en el juego aéreo se sintió desde el primer minuto. En un encuentro que claramente pedía ese perfil, la decisión de no contar con él terminó siendo determinante.
La comparación es inevitable. Con un atacante de esas características, bastaba un solo balón bien conectado para cambiar el rumbo del partido. En cambio, Bolivia desperdició una y otra vez situaciones que, con otro intérprete, pudieron haber terminado en gol.
Al final, la derrota no solo se explica por la falta de eficacia, sino por una decisión técnica que hoy queda en el centro del debate. En un partido donde el plan era claro, no contar con la pieza clave terminó siendo un error que costó caro.
