Atentado sicarial deja víctima mortal

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La tarde del lunes quedó marcada por un nuevo hecho violento en el municipio de Tuluá, Valle del Cauca. En el sector conocido como Crucetas, entre las veredas Norcasia y Tochecito, fue asesinado Diego Fernando Henao, residente de Norcasia. El ataque, perpetrado en plena vía rural, interrumpió la cotidianidad de una zona que desde hace meses enfrenta una compleja situación de orden público.

De acuerdo con las versiones iniciales, Henao fue sorprendido en medio de su desplazamiento por hombres armados que le arrebataron la vida. La reacción de sus familiares y allegados estuvo marcada por la urgencia y el temor: debido a las condiciones de seguridad en el área, el cuerpo debió ser trasladado hasta el municipio de Sevilla, donde las autoridades judiciales adelantaron la inspección técnica y los actos urgentes.

Este procedimiento, que normalmente se realiza en el mismo lugar de los hechos, refleja la gravedad de la crisis que atraviesa la zona rural alta de Tuluá. La Policía y la Fiscalía, presentes en Sevilla para cumplir con las diligencias, no han entregado información oficial sobre los móviles del crimen ni sobre los responsables. El caso fue asumido como materia de investigación, pero hasta el momento no se han revelado hipótesis que permitan comprender las circunstancias del ataque.

El silencio institucional alimenta la incertidumbre y deja a la comunidad en un estado de vulnerabilidad, donde cada hecho violento se suma a una cadena de sucesos que parecen no tener freno.
El asesinato de Diego Fernando Henao no es un hecho aislado. La zona rural alta de Tuluá, ubicada en el centro del Valle, ha sido escenario recurrente de homicidios y ataques armados que han golpeado a las comunidades campesinas.

La geografía montañosa y la dificultad de acceso han convertido estos territorios en espacios donde la presencia institucional es limitada y donde las dinámicas violentas se imponen sobre la vida cotidiana.

Los habitantes, entre la resignación y el miedo, han aprendido a convivir con la amenaza latente de la violencia, que se manifiesta en asesinatos, desplazamientos y restricciones a la movilidad. La comunidad de Norcasia y sectores vecinos expresan su dolor por la pérdida de Henao, pero también su indignación frente a la persistencia de la violencia.