De un Renault 4 a una fundación

Nota 1

En Palmira, como en gran parte del Valle del Cauca, la crisis de las EPS ha dejado huellas profundas en la salud de la población. En medio de ese panorama surge la figura de Bernardo Salcedo Patiño, conocido simplemente como El Médico, quien ha dedicado los últimos 19 meses a un proyecto social que busca aliviar las carencias más urgentes de la comunidad.

Su iniciativa comenzó de manera sencilla: una cajita de insumos, un Renault 4 blanco y la voluntad de acompañar a mujeres embarazadas y personas en situación vulnerable. Desde entonces, ha tejido una red de apoyo que combina la entrega de medicamentos a bajo costo con la orientación jurídica para enfrentar la burocracia del sistema de salud. Su labor no se limita a la asistencia médica; también se ha convertido en un puente entre comuneros, ediles y juntas de acción comunal, ocupando cargos como fiscal y tesorero en varias de ellas.

La visión de Salcedo es clara: transformar este esfuerzo en una fundación que garantice continuidad y expansión. Ya ha extendido su ayuda a sectores como Rozo, El Bolo y La Esperanza, siempre con la premisa de servir sin esperar nada a cambio. En paralelo, ha impulsado la donación gratuita de insumos médicos —sillas de ruedas, muletas y camillas— para quienes no pueden costearlos, reforzando así su compromiso con la dignidad de los pacientes.

Su trayectoria no es nueva. Desde 1962 trabajó en el hospital local y más tarde colaboró con la Gobernación. En 1993, cuando empezaron a formarse las asociaciones de usuarios, fue pionero en orientar a la ciudadanía sobre sus derechos y deberes en salud. Esa experiencia le permitió comprender que la verdadera batalla no es solo contra la enfermedad, sino contra la desinformación y la falta de acceso.

El Médico también ha tenido un vínculo con iniciativas culturales y solidarias. Participó en “Amigos de Cuba”, un proyecto de la Casa de la Cultura que, aunque ya no existe, dejó como legado una alianza que hoy permite enviar medicamentos e implementos hospitalarios a la isla. Su discurso sobre Cuba es crítico frente al bloqueo estadounidense, pero insiste en que su trabajo nunca será político, religioso ni lucrativo: se trata de ayuda humanitaria, pura y simple.

La figura de Bernardo Salcedo Patiño encarna la mezcla de sobriedad y alegría que caracteriza a quienes trabajan por los demás. Su proyecto, nacido de la necesidad y sostenido por la solidaridad, es un recordatorio de que la salud no puede depender únicamente de las instituciones. En tiempos de crisis, la comunidad encuentra en personas como él un faro de esperanza.

Con la mirada puesta en el futuro, su meta es consolidar la fundación y ampliar el alcance de las ayudas. Porque, como él mismo ha demostrado, servir a la población no es un acto aislado, sino una vocación que se renueva cada día. Y en Palmira, esa vocación ya empieza a dejar huella.