El peligro de estar «siempre conectados»: la diferencia entre la desconexión estratégica y la dispersión digital
Muchos creen que la productividad y la creatividad dependen exclusivamente de mantener una atención sostenida durante largas jornadas; en realidad, un equilibrio entre el enfoque y la desconexión previene el agotamiento y potencia la resolución de problemas.
Las organizaciones exigen cada vez más rapidez, capacidad de adaptación y soluciones originales. Sin embargo, cuando esta demanda se traduce en la expectativa de que los profesionales sean creativos, productivos y accesibles de manera permanente, puede generar fatiga, pérdida de perspectiva y una menor calidad en la toma de decisiones.
Según el informe State of the Global Workplace del grupo Gallup, el 80% de los trabajadores del país ha reportado altos niveles de estrés laboral. Es una cifra que ha puesto al país dentro de los10 con mayores índices de estrés en Latinoamérica y el Caribe.
El 80% de los trabajadores en Colombia ha presentado altos niveles de estrés en su ambiente laboral, según la consultora Team Consultor, y en el informe State of the Global Workplace 2023 del grupo Gallup, se evidenció que Colombia ocupó el puesto 9 dentro del top 10 de los países de Latinoamérica y el Caribe con mayor estrés laboral reportado.
Enfrentar esta problemática implica no solo a los trabajadores, sino también a los empleadores. Debe haber una conciencia sobre cómo desarrollar las labores sin que vaya en detrimento del bienestar, especialmente a la hora de crear o enfrentar desafíos.
Las empresas han de entender que la creatividad y la resolución de problemas complejos no funcionan como una línea continua de rendimiento. Requieren periodos de concentración deliberada, pero también momentos de menor control consciente que permitan cambiar de perspectiva. La cuestión, por tanto, no es elegir entre concentrarse o distraerse, sino aprender a alternar distintos modos de trabajo mental.
«Existe la creencia de que una persona productiva debe permanecer concentrada durante toda la jornada. Sin embargo, la creatividad necesita foco, pero no foco permanente. Después de comprender el problema y trabajar intensamente sobre él, tomar distancia puede facilitar nuevas asociaciones. Lo importante es gestionar la atención y la energía mental, no medir el compromiso por el número de horas de concentración aparente», explica Maite Moreno.
Este proceso se conoce como incubación. Para que se produzca, debe existir un trabajo previo: definir bien el reto, recopilar información, reconocer restricciones y explorar posibles caminos. Alejarse de un problema que apenas se ha elaborado difícilmente generará una solución relevante. La pausa tampoco garantiza una buena idea; crea, en determinadas condiciones, la posibilidad de volver con una mirada menos rígida.
Cuando aparece un bloqueo, puede ser más útil interrumpir temporalmente la insistencia y cambiar a una actividad de baja exigencia: caminar, ordenar materiales, realizar una tarea rutinaria o conversar con otra persona. Estas actividades pueden reducir la fijación en una única respuesta y facilitar conexiones distintas. Después es necesario regresar al problema, capturar las ideas y someterlas a análisis.
Esto no debe confundirse con revisar redes sociales, atender notificaciones o saltar de un mensaje a otro. La fragmentación digital obliga a reorientar la atención de forma constante y dificulta el trabajo profundo. Una pausa restauradora reduce la demanda cognitiva; una cadena de interrupciones la multiplica.
«El reto no es introducir más pausas sin criterio, sino diferenciar la desconexión intencional de la dispersión. También es un error trasladar toda la responsabilidad al trabajador. Pedir creatividad mientras se llenan las agendas de reuniones, se exigen respuestas inmediatas y se mantienen abiertos varios canales de comunicación es una contradicción organizativa», advierte Moreno.
Para favorecer ideas de mayor calidad, la experta propone separar cuatro movimientos: formular con precisión el reto, proteger un periodo de concentración, introducir una pausa de incubación y regresar para evaluar. Esta última fase es esencial, porque creatividad e innovación no son sinónimos. La creatividad permite generar propuestas novedosas y útiles; la innovación exige seleccionarlas, desarrollarlas e implementarlas para producir valor.
No existe una duración universal para los bloques de trabajo o las pausas. Depende de la complejidad de la tarea, el nivel de fatiga y las características de cada persona. Las empresas pueden ayudar reservando espacios sin reuniones, limitando las interrupciones evitables y acordando tiempos razonables de respuesta. El sueño suficiente, la actividad física, la desconexión fuera del horario laboral y los espacios de ocio también contribuyen a preservar los recursos necesarios para pensar, aprender y resolver problemas complejos de forma sostenible.
