Fútbol y economía

FOTO JHORMAN MONTEZUMA

La ciudad de Pasto se prepara para recibir uno de esos encuentros que trascienden lo deportivo. El duelo entre Atlético Nacional y Deportivo Pasto, en la fecha catorce del fútbol colombiano, no solo despierta pasiones en la cancha, sino que mueve una economía local que hoy, más que nunca, depende de este tipo de escenarios.

En una ciudad donde las oportunidades laborales no han tenido el impulso esperado desde la administración local, eventos como este se convierten en un respiro. Comerciantes informales, vendedores de camisetas, restaurantes, transportadores y pequeños negocios ven en el fútbol una oportunidad real de ingreso, aunque sea temporal.

Pasto, que tradicionalmente encuentra uno de sus picos económicos en el Carnaval de Negros y Blancos, hoy enfrenta una realidad distinta: la espera entre temporadas festivas se ha hecho más larga y más difícil. En ese contexto, cada evento masivo cobra un valor especial, porque dinamiza el comercio y activa sectores que permanecen estancados durante gran parte del año.

El partido no solo traerá hinchas locales. También moviliza visitantes, genera ocupación hotelera y activa el consumo en diferentes sectores de la ciudad. Es, en términos prácticos, una pequeña reactivación económica que evidencia el potencial que tiene Pasto como escenario de grandes eventos.

Sin embargo, también deja en evidencia una falencia: la falta de políticas públicas sostenidas que impulsen el empleo y el emprendimiento. No es sano que la economía de una ciudad dependa exclusivamente de eventos aislados o temporadas específicas. El desarrollo económico debe ser constante, planificado y diversificado.

Hoy, muchos ciudadanos esperan este tipo de jornadas para “rebuscarse”. La venta de camisetas, alimentos y productos relacionados con el partido se convierte en la alternativa inmediata para generar ingresos. Es una economía de oportunidad, no de estabilidad.

El reto para la ciudad es claro: aprovechar estos eventos no solo como momentos de consumo, sino como puntos de partida para estrategias más amplias de desarrollo económico. El fútbol puede ser una vitrina, pero no debería ser el único motor.

Mientras rueda el balón, también se mueve la economía. Y aunque por noventa minutos la atención esté en la cancha, fuera de ella miles de familias están jugando su propio partido: el de llevar sustento a sus hogares.

Pasto tiene el potencial, tiene la gente y tiene los escenarios. Falta que ese impulso que hoy genera el fútbol se convierta en una política económica real, capaz de sostenerse más allá de un partido o de una temporada festiva.