Foto de Miguel Frias

Un gol del delantero, que no anduvo fino, en el 86′ da el pase Noruega, que se medirá a Brasil. Nusa había hecho el 1-0 antes del empate de Diallo.

Cuando todo se complica, cuando los nubarrones son más negros que nunca, en esos instantes en los que un equipo pequeño se descompone, tener una figura como Haaland cambia por completo el panorama. Haaland es NoruegaHaaland recuperó del abismo a su país para meterlo en la siguiente ronda del Mundial. Un gol tardío, casi sin querer, un toque a la red que entró llorando, le hizo acabar como héroe en un partido en el que apenas destacó. Cinco goles en el Mundial y una cita con la Brasil de Vinicius en la que pueden saltar chispas.

La realidad es que Noruega había tenido que tirar del tercero de sus fenómenos, el más joven, quizá el mas desconocido, para adelantarse ante Costa de MarfilAntonio Musa, el tipo que se asemeja a Neymar y lo idolatra, el extremo que fichó el Leipzig como siempre con puntería tras lo hecho en el Brujas, se presentó al mundo a lo grande. Golazo del noruego de padre nigeriano, obra de arte que hubiera firmado, por supuesto, su gran referente.

Fue en un partido abierto con menos goles de los esperados. Una paradoja. El fútbol sin defensas es el paraíso de los delanteros, el escenario en el que cualquier atacante es mejor de lo que parece, el lugar en el que es feliz quien entiende este deporte desde lo ofensivo. De ello padecen tanto noruegos como marfileños, que llegaron tanto como quisieron.

Haaland estuvo desconectado, aunque pudo hacer el 0-2, y Noruega lo fio todo a aguantar con su débil defensa a que Costa de Marfil siguiera desafinando en al área. Pero las entradas de Wahi Amad Diallo reforzaron las energías ofensivas y castigaron a Noruega. Una pared fantástica de Pépé la culminó Amad, un pequeño diablo que con la zurda dibujó otro gol de bandera, al más puro estilo Messi, pelota pegada al pie, recorte en una baldosa y definición.

Parecía muerta Noruega y también su líder futbolístico, Odegaard, pero hay argumentos que van más allá de la lógica y de las tácticas. Por ejemplo, tener a Haaland. Una combinación fantástica entre Bobb Berg acabó donde siempre está el del City, ese lugar reservado para los nueves, para los asesinos, para los delanteros que, incluso lejos de una gran noche, resuelven los problemas. Pocos hay como el noruego en eso, sobre todo si el portero, como ocurrió con Nyland, salva los muebles en la última jugada. Noruega puede dar gracias por ello.