Juan Fernando Quintero la gran figura en la clasificación a «semis» de River Plate
La noche de ayer en el estadio Monumental tuvo un nombre propio: Juan Fernando Quintero. El colombiano volvió a demostrar por qué es uno de los futbolistas más determinantes del fútbol sudamericano y terminó convertido en el héroe absoluto de River Plate en la dramática clasificación frente a San Lorenzo. Cuando el panorama parecía oscuro y la eliminación comenzaba a rondar por Núñez, apareció el talento, la jerarquía y la personalidad del volante cafetero para cambiar por completo la historia del partido.
River había sufrido durante toda la primera parte. San Lorenzo controlaba el ritmo del juego y golpeaba con contundencia, dejando al equipo millonario incómodo, sin claridad y nervioso ante su propia gente. Fue entonces cuando Marcelo Gallardo decidió mover el banco y mandar al campo a Juan Fernando Quintero para el segundo tiempo. Bastaron apenas unos minutos para que el colombiano transformara el ambiente en el estadio. Cada vez que tocaba la pelota, River respiraba fútbol y esperanza.
Con su zurda mágica comenzó a manejar el encuentro. Quintero se adueñó del mediocampo, pidió siempre la pelota y empezó a filtrar pases imposibles entre líneas. El empate parcial nació precisamente desde sus pies, luego de una asistencia exquisita que dejó solo al delantero millonario frente al arco. La jugada desató la locura en el Monumental y encendió definitivamente a un River que volvió a creer gracias al talento de su número diez.
Pero la actuación del colombiano no terminó allí. Minutos después fabricó otras dos ocasiones clarísimas con pases milimétricos que pudieron haber sentenciado el partido mucho antes, aunque sus compañeros desperdiciaron las oportunidades frente al arquero rival. Aun así, Quintero no dejó de pedir la pelota ni de liderar emocionalmente al equipo. Su lenguaje corporal transmitía tranquilidad, experiencia y carácter en medio de la presión de una eliminación que parecía acercarse peligrosamente.
El partido se fue al tiempo extra y la tensión era total. San Lorenzo encontraba espacios y parecía tener la clasificación en sus manos cuando faltaban apenas cuatro minutos para el final del suplementario. Fue en ese instante cuando apareció nuevamente Juan Fernando Quintero. Con sangre fría, tomó la pelota cerca del área, se acomodó para su zurda y sacó un remate preciso que terminó besando la red. El Monumental explotó en un grito interminable mientras el colombiano corría hacia la tribuna golpeándose el escudo de River sobre el pecho.
El empate llevó todo a la definición por penaltis y allí también apareció la personalidad del capitán. Quintero tomó la responsabilidad del primer cobro de River Plate y caminó hacia el punto penal con una serenidad impactante. Sin titubear, ejecutó con categoría y abrió la serie para el conjunto millonario, marcando el camino de una clasificación sufrida pero heroica. Sus compañeros corrieron inmediatamente a abrazarlo, conscientes de que el colombiano había sido el alma futbolística y emocional del equipo durante toda la noche.
La actuación de Juan Fernando Quintero dejó una sensación clara entre los hinchas de River: la camiseta número diez y la cintilla de capitán no están en sus manos por casualidad. Ayer volvió a ponerse el equipo al hombro en el momento más difícil, liderando con fútbol, inteligencia y corazón. Su figura se agigantó una vez más en una noche copera cargada de dramatismo, reafirmando que cuando River necesita un héroe, casi siempre aparece el talento inmenso del colombiano.
