LA BELLEZA DE CUIDAR AL ENFERMO
La vida humana es vulnerable. Un accidente, una enfermedad, una agresión, pueden herirla, incluso llevar a las personas a un proceso irreversible: La muerte. Frente a la vulnerabilidad humana, la medicina surge con una vocación maravillosa: Cuidar y acompañar a cada enfermo en las diversas etapas de su existencia.
Cuidar no resulta fácil, pero siempre es algo que interpela al médico y a las demás personas que están junto al enfermo. El desarrollo científico y médico permite ofrecer un gran número de acciones terapéuticas, si bien en ocasiones resulta difícil llevarlas a la práctica. Por ello, resulta de especial belleza ofrecer cuidado a cada enfermo, en el deseo de acompañarlo en su vulnerabilidad.
La experiencia del cuidado médico parte de aquella condición humana, marcada por la vulnerabilidad. Esta vulnerabilidad da fundamento a la ética del cuidado, de manera particular en el ámbito de la medicina, entendida como solicitud, premura, coparticipación y responsabilidad hacia las mujeres y hombres que se nos han confiado porque están necesitados de atención física y espiritual.
El cuidado al enfermo surge desde una actitud de respeto y cercanía, de amor auténticamente humano y cristiano. A la vez, surge desde las exigencias de la justicia, que ordena acercarse a cada ser humano en sus momentos de mayor vulnerabilidad.
La medicina desvela, así, su naturaleza: Ayudar al enfermo, acompañarlo incluso cuando ya no resulta posible curar o cuando se acerca el momento del desenlace de la muerte.
El cuidado de la vida es, por tanto, la primera responsabilidad que el médico experimenta en el encuentro con el enfermo. Esta no puede reducirse a la capacidad de curar al enfermo. También cuando la curación es imposible o improbable, el acompañamiento médico y de enfermería, psicológico y espiritual, es un deber ineludible, porque lo contrario constituiría un abandono inhumano del enfermo.
La belleza del cuidado a cada enfermo, también en las fases terminales, permite ofrecer, a quienes sufren, lo que tanto desean como seres humanos en los momentos de mayor vulnerabilidad: Asistencia, ayudas eficaces y, sobre todo, ese amor que es uno de los mejores bálsamos en cualquier situación difícil de nuestra existencia terrena.
