¿Parlamentarismo para Colombia?

pablo emilio

Por: Pablo Emilio Obando

El planteamiento de Rodrigo Uprimny no es una provocación académica: es una invitación incómoda a mirarnos en el espejo. Colombia, anclada en su tradición presidencialista, empieza a evidenciar las fisuras de un modelo que promete estabilidad, pero entrega, con frecuencia, desencuentro y fatiga institucional.

El presidencialismo colombiano es una arquitectura de poder que resiste, pero no siempre gobierna. Presidentes sin mayorías, congresos sin cohesión y una ciudadanía que observa, entre incrédula y cansada, el espectáculo repetido del bloqueo. Allí, en esa tensión constante, el poder se vuelve paradójico: fuerte en la forma, débil en los resultados.

El parlamentarismo, en cambio, se presenta como una coreografía distinta. Obliga al acuerdo, teje mayorías desde el inicio y convierte la gobernabilidad en una responsabilidad compartida. No hay lugar para la soledad del poder: quien gobierna lo hace porque logra sostener, día a día, la confianza política.

Pero Colombia no es un papel en blanco. Es un país atravesado por la fragmentación, por partidos que a menudo son más rivales  que ideas, y por prácticas que desdibujan la deliberación pública. Cambiar el sistema sin transformar esas realidades sería, quizás, cambiar de escenario sin modificar la obra.

El fondo del debate, entonces, no es solo jurídico: es cultural. ¿Está Colombia preparada para una política de coaliciones genuinas, de acuerdos programáticos y de disciplina partidista? ¿O seguiría reproduciendo, bajo otra forma, sus viejos vicios?

Porque todo sistema político es, en última instancia, un reflejo de la sociedad que lo sostiene. No hay diseño institucional capaz de reemplazar la ética pública ni la voluntad de construir lo común. El parlamentarismo podría abrir una puerta, pero no garantiza el camino.

Tal vez el mayor mérito de la propuesta de Uprimny no sea la respuesta que sugiere, sino la pregunta que obliga a formular: ¿queremos seguir administrando la dificultad o estamos dispuestos, de verdad, a repensar la manera en que nos gobernamos?

Presidencialismo o parlamentarismo. Dos caras distintas de una democracia que en el caso de Colombia nos obliga a mirar hacia un nuevo horizonte político e institucional. Un debate que nos convoca y nos invita a replantear la manera en que abordamos el manejo de las políticas de Estado. O mermelada o desarrollo. Dos fórmulas. Dos enfoques. Dos culturas democráticas que cambian el rostro de la política y el poder.