Una ciudad entre huecos y mala gestión

FOTO JHORMAN MONTEZUMA

Recorrer las calles de Pasto se ha convertido en una prueba diaria de paciencia para conductores, motociclistas y peatones. Lo que debería ser una movilidad segura y eficiente hoy está marcada por huecos, deterioro del pavimento y una evidente falta de planificación en el mantenimiento de la malla vial. El mal estado de las vías ya no es una queja aislada: es una realidad que afecta la vida cotidiana de miles de ciudadanos.

En distintos barrios de la ciudad, desde sectores residenciales hasta corredores principales, el deterioro de las calles es evidente. Baches profundos, parches mal ejecutados y obras inconclusas generan congestión, riesgos de accidentes y un desgaste constante para quienes dependen del transporte para trabajar o estudiar.

Este panorama ha puesto en el centro del debate la gestión de la Secretaría de Infraestructura de Pasto. La ciudadanía empieza a preguntarse si existe una verdadera planificación vial o si las intervenciones se están realizando de manera improvisada y sin una estrategia clara de mantenimiento a largo plazo.

El problema no es solo estético. Las malas condiciones de las vías tienen impactos directos en la seguridad vial, en la economía local y en la calidad de vida de la población. Cada hueco representa un riesgo para motociclistas y ciclistas, y cada calle deteriorada aumenta los costos de mantenimiento para quienes dependen de sus vehículos para movilizarse.

A esto se suma una percepción creciente de desorden en la intervención de las vías. En algunos sectores se realizan reparaciones parciales que al poco tiempo vuelven a deteriorarse, mientras que en otros lugares los trabajos tardan más de lo esperado, generando caos en la movilidad y malestar entre los ciudadanos.

Una ciudad que aspira a crecer y a proyectarse como un referente regional no puede permitirse una infraestructura vial deteriorada. Las vías son la columna vertebral de la movilidad, del comercio y del desarrollo urbano. Cuando fallan, toda la dinámica de la ciudad se resiente.

La administración pública tiene la responsabilidad de escuchar estas preocupaciones y responder con planificación, transparencia y eficiencia. No basta con intervenir de manera reactiva cuando la presión ciudadana aumenta; se requiere una política seria de mantenimiento vial que garantice obras de calidad y soluciones duraderas.

Pasto merece calles seguras, bien mantenidas y pensadas para el futuro. La movilidad no puede seguir siendo un problema permanente ni una promesa repetida en cada administración.

Hoy la ciudadanía observa, cuestiona y exige. Y tiene razón: porque una ciudad bien gobernada empieza, literalmente, por el estado de sus calles.