Rechazan a Eder con gritos y piedras

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El terremoto de magnitud 7.4 que sacudió a Colombia no solo dejó escombros y víctimas, también destapó una grieta política en Cali. Durante las inspecciones oficiales, el alcalde Alejandro Éder fue recibido con un rechazo que pasó de los gritos a las piedras, obligando a su esquema de seguridad a retirarlo de manera urgente.
Por dos días consecutivos, sectores del sur y oriente lo increparon con insultos y exigencias de salida inmediata. El momento más crítico llegó cuando un proyectil impactó su cabeza, aunque sin consecuencias graves. El mandatario, con casco invisible y paciencia limitada, debió abandonar la zona bajo estrictas maniobras de protección.
La hostilidad responde a un malestar profundo con las medidas adoptadas: toque de queda nocturno y militarización urbana. Para los damnificados, estas decisiones frenaron la búsqueda autónoma de familiares atrapados, mientras la respuesta oficial era percibida como lenta. En otras palabras, la gente quería rescatar y el gobierno quería controlar, y allí chocaron dos mundos.
Aunque Éder resultó ileso y continuó desde el Puesto de Mando Unificado, el episodio dejó claro que la confianza pública hacia su gestión atraviesa un momento crítico. El terremoto no solo movió la tierra, también movió los ánimos, y el alcalde terminó convertido en blanco de la frustración colectiva.
Con un toque de ironía, podría decirse que el sismo sacudió edificios y también la popularidad del mandatario. Lo que debía ser un recorrido de inspección terminó en una retirada apresurada, recordando que en política, al igual que en un temblor, nunca se sabe cuándo se viene el próximo sacudón.