El Carnaval necesita compromiso y recursos
Pasto no puede darse el lujo de poner en riesgo dos de los acontecimientos más importantes de su historia y su identidad: el Onomástico de la ciudad y el Carnaval de Negros y Blancos. Ambos representan mucho más que una celebración; son el reflejo de una cultura que ha trascendido generaciones, fortalece el turismo y dinamiza la economía del departamento.
Sin embargo, la incertidumbre por la falta de financiamiento vuelve a encender las alarmas. Cada año la misma pregunta se repite: ¿habrá recursos suficientes para garantizar unas fiestas a la altura de su importancia? No es una preocupación menor. Detrás del Carnaval hay miles de artistas, artesanos, músicos, gestores culturales, hoteleros, comerciantes y emprendedores que dependen, en gran parte, del movimiento económico que generan estas festividades.
El Carnaval de Negros y Blancos no puede seguir dependiendo de la improvisación. Es un patrimonio cultural que requiere planificación, respaldo institucional y una estrategia financiera permanente. No basta con reconocer su valor histórico; es necesario invertir para protegerlo y fortalecerlo.
La falta de recursos también evidencia una realidad política. Pasto y Nariño necesitan líderes con capacidad de gestión ante el Gobierno Nacional y el sector privado. Representantes que no solo aparezcan en la época de las fiestas para tomarse una fotografía, sino que trabajen durante todo el año buscando recursos y construyendo alianzas que garanticen la sostenibilidad de estos eventos.
El Onomástico de Pasto y el Carnaval no son un gasto; son una inversión. Cada visitante que llega a la ciudad consume en hoteles, restaurantes, transporte y comercio. Cada peso destinado a estas celebraciones retorna a la economía local en forma de empleo, turismo y promoción del territorio.
La cultura también es desarrollo. Una ciudad que protege sus tradiciones fortalece su identidad y proyecta una mejor imagen ante Colombia y el mundo. Por eso preocupa que, año tras año, las dificultades presupuestales se conviertan en una amenaza para eventos que hacen parte del patrimonio de los nariñenses.
Es momento de dejar a un lado los discursos y pasar a la gestión. Los gobiernos, los congresistas, los diputados, los concejales y el sector empresarial deben entender que el Carnaval y el Onomástico no pertenecen a una administración de turno; pertenecen a toda una región que ha construido su historia alrededor de estas manifestaciones culturales.
Pasto merece dirigentes que respondan con hechos y no con promesas. Líderes capaces de gestionar recursos, defender la cultura y comprender que invertir en el Carnaval es invertir en la economía, en el turismo y en la identidad de un pueblo.
Porque cuando una tradición pierde apoyo, no solo se pone en riesgo una fiesta. Se pone en riesgo la memoria, el orgullo y el futuro de una ciudad que ha hecho de su cultura el mayor patrimonio que posee.