VIVIR EL PRESENTE, NO EL PASADO 

Jorge Carvajal color

JORGE HERNANDO CARVAJAL PÉREZ

El respeto es una de las virtudes más valiosas que puede cultivar cualquier persona. Reconocer la trayectoria, los méritos y los aportes de quienes han construido una historia de éxito es una señal de grandeza. Sin embargo, cuando el respeto se convierte en un obstáculo para tomar decisiones objetivas, puede terminar perjudicando a un equipo, una institución o un proyecto. El fútbol, una vez más, ofrece un ejemplo de ello.

La reciente participación de la Selección Colombia dejó una sensación difícil de ignorar. Nadie puede discutir lo que James Rodríguez ha significado para el combinado nacional. Su talento, liderazgo y actuaciones memorables lo convirtieron en uno de los futbolistas más importantes de la historia del país. Sus exhibiciones con la camiseta amarilla merecen reconocimiento permanente y siempre harán parte de la memoria del aficionado colombiano.

Pero el fútbol vive del presente y no del pasado. Durante este año, James simplemente no llegaba en las mejores condiciones para ser titular indiscutible. La falta de continuidad en sus clubes, los problemas para encontrar regularidad y la evidente ausencia de ritmo competitivo eran factores imposibles de pasar por alto. Aun así, Néstor Lorenzo insistió en mantenerlo como eje del equipo, una decisión que hoy muchos aficionados siguen cuestionando.

Todo indica que el técnico argentino terminó otorgándole demasiado peso al historial del capitán y muy poco al momento futbolístico de otros jugadores que podían ofrecer una alternativa distinta. Entre ellos aparecía Juan Fernando Quintero, un futbolista con características similares para generar juego, pero que atravesaba un mejor presente y que, posiblemente, pudo haber cambiado el rumbo de algunos partidos.

El exceso de respeto tampoco pareció limitarse a James. Luis Díaz, la gran figura del fútbol colombiano en la actualidad, estuvo lejos de mostrar su mejor versión. Su rendimiento fue menos que discreto y su influencia ofensiva resultó mínima en los momentos decisivos. Sin embargo, tampoco hubo modificaciones que buscaran soluciones diferentes cuando era evidente que el equipo necesitaba variantes.

El resultado fue una Selección con enormes dificultades para generar peligro y, sobre todo, para convertir. Paradójicamente, en un país reconocido por producir delanteros y goleadores de gran calidad, el principal déficit del equipo terminó siendo precisamente el gol. Faltó contundencia, imaginación y capacidad para romper defensas cerradas cuando más se necesitaba.

Las grandes selecciones se construyen sobre la competencia permanente y la meritocracia. La historia y los nombres pesan, pero nunca pueden estar por encima del rendimiento actual. El respeto es indispensable en cualquier grupo humano, pero cuando impide tomar decisiones valientes deja de ser una virtud para convertirse en una debilidad.

Quizá esa sea una de las principales lecciones que deja esta eliminación: en el fútbol de alta competencia no juegan los recuerdos, juegan quienes están en mejor forma. Y cuando el respeto supera a la objetividad, el precio suele pagarse con resultados.

EMBUTIDO

Quizá esa sea una de las principales lecciones que deja esta eliminación: en el fútbol de alta competencia no juegan los recuerdos, juegan quienes están en mejor forma. Y cuando el respeto supera a la objetividad, el precio suele pagarse con resultados.