¿QUIÉN SOBRA EN LA ECUACIÓN?
Por Mauricio Fernando Muñoz Mazuera
El alcalde de Pasto fue claro: hacen falta cerca de 4.000 millones de pesos para garantizar el Onomástico de San Juan de Pasto 2026, el Carnaval de Negros y Blancos 2027 y otros eventos culturales de la ciudad. Es imposible desconocer la responsabilidad del Gobierno Nacional. La crisis fiscal, el recorte de recursos y las dificultades para acceder a financiación son una realidad que afecta a muchos municipios del país. Pero sería un error que toda la discusión terminara ahí.
Si Corpocarnaval fue creada para gestionar recursos, construir alianzas y garantizar la sostenibilidad del Carnaval, ¿qué ha pasado con esa misión? Porque organizar eventos no puede ser su única razón de existir. Para eso no hacía falta crear una corporación. Durante años hemos visto representantes de Corpocarnaval participando en encuentros y escenarios nacionales e internacionales. La pregunta que hoy hace la ciudadanía es sencilla: ¿cuántos convenios se firmaron?, ¿qué patrocinadores llegaron?, ¿qué recursos nuevos consiguió la corporación para el Carnaval? Esas son las respuestas que Pasto necesita conocer.
Y también hay que decirlo: alrededor de Corpocarnaval existe una percepción ciudadana que no desaparece. Se habla de una puerta giratoria, donde los mismos nombres aparecen una y otra vez ocupando los espacios de decisión; de una rosca que parece cerrarle el paso a nuevas ideas y nuevos liderazgos. La mejor forma de desmontar esa percepción no es con discursos, sino con transparencia, resultados y rendición de cuentas.
No podemos seguir conformándonos con entrevistas cómodas o comunicados. El problema es mucho más profundo. Hoy la ciudad enfrenta una desfinanciación histórica y eso obliga a revisar si el modelo de gestión realmente está funcionando.
Y esta crisis deja otra reflexión: quizá ha llegado el momento de devolverles mayor protagonismo a quienes verdaderamente sostienen esta fiesta: los artesanos. Ellos han demostrado durante décadas que saben organizar, crear, gestionar y sacar adelante un Carnaval que es orgullo de Colombia y del mundo. Vale la pena preguntarse si la actual estructura institucional sigue siendo la más conveniente o si terminó convirtiendo a Corpocarnaval en un simple intermediario.
Ya es hora de que se acabe el comité de aplausos. El Concejo Municipal, los organismos de control, los artistas, los artesanos y la ciudadanía deben exigir respuestas. Porque cuando faltan 4.000 millones de pesos, la discusión ya no puede ser únicamente contra Bogotá; también debe dirigirse hacia quienes tenían la responsabilidad de tocar puertas, conseguir aliados y evitar que llegáramos a este punto.
El Carnaval no puede depender todos los años de la incertidumbre. Pasto necesita una institución que haga mucho más que organizar eventos: necesita una institución que gestione, planee y responda con resultados. Porque cuando la gestión falla, quienes pagan las consecuencias no son los directivos. Son los artesanos, los cultores y toda una ciudad que siente el Carnaval como parte de su identidad.
Y es justamente aquí donde vale la pena hacerse una pregunta incómoda: si en la ecuación que da forma a nuestro carnaval, formada por los artesanos, la ciudadanía y la corporación en mención la fiesta sigue existiendo gracias al talento, la creatividad y el compromiso de los artistas que la construyen año tras año, ¿quién está sobrando realmente? Porque si la institución creada para gestionar recursos no logra cumplir esa misión, la discusión ya no es sobre el dinero que falta, sino sobre la utilidad del modelo que hoy administra el Carnaval.