Final Mundial en castellano. Terceros y cuartos en depresión.

CARLOS SANTA MARIA

Carlos Santa María

La derrota de Inglaterra ha sido espectacular demostrando la garra argentina y cuya genética destila fútbol por los poros, luchando verdaderamente a diferencia de aquellos que se creen figuras producto del dinero que poseen. Diego Maradona y Las Malvinas estuvieron siempre presentes. Analicemos.

Primero: la campaña mediática contra Argentina culpándolo de cualquier arbitrariedad o favorecimiento terminó siendo desvirtuada por un triunfo sufrido y bien logrado producto de la fortaleza espiritual de sus jugadores: tener fe en la victoria hasta el último minuto es sólo propia de contendores que poseen un espíritu de trabajo dirigido hacia el éxito de carácter y disciplina.

Segundo: la final será disputada por dos selecciones que, además de hablar castellano, tienen su propia potencia futbolística.

España es un equipo donde Lamine Yamal no ha podido destacar como hubiera querido, pues es un conjunto que juega sin pensar en estrellas, sino en que lo colectivo es fundamental para tener el triunfo. Argentina tuvo en este último partido a un Messi inspirado en pelear el balón y entregar dos pases que se convirtieron en gol, uno para empatar y devolver la fe intacta cuando se aproximaba el final, y el otro para ratificar la victoria.

Tercero: las selecciones que los narradores daban por ganadoras, amén de las noticias diarias sobre su excelencia, hicieron creer que Francia era indiscutible con Kylian Mbappé e Inglaterra el más temible adversario con Harry Kane, quienes al tener la confrontación con escuadras de alto nivel quedaron derrotadas, independientemente de las excusas de sus entrenadores o comentaristas.

Lo cierto es que, dada la fuerza de la competencia sobre la agonística o el placer, el tercer lugar no tendrá la emoción que se disputa cuando se juega el campeonato mundial, aunque seguramente los hinchas de ambas naciones los acompañarán pese a no compensar la pérdida.

Puede que la final Argentina-España no sea electrizante por la tensión y el cuidado que entraña. Sin embargo, también puede ser un espectáculo de primer orden. Así lo esperamos.