Junior pegó primero en la final. Derrotó 3-0 a Nacional
El Estadio Metropolitano Roberto Meléndez se vistió de fiesta y fue el testigo silencioso de una exhibición de efectividad pura, donde el Junior de Barranquilla trituró las aspiraciones iniciales de su rival con un inapelable 3-0 en el primer asalto de la gran final de la Liga Dimayor. A pesar de que el libreto táctico le otorgó el protagonismo del balón a la visita, el conjunto rojiblanco dictó una cátedra de cómo hacer daño con transiciones verticales y una agresividad ofensiva letal que dejó atónito al contrincante en la noche de ayer. La mano del director técnico Alfredo Arias se hizo sentir desde el planteamiento inicial, apostando por un bloque ordenado y una velocidad supersónica para golpear en los momentos precisos.
El cronómetro apenas digería las primeras pulsaciones del encuentro cuando el júbilo estalló en las tribunas curramberas gracias a la osadía planteada por el estratega uruguayo. En el minuto 7, Bryan Castrillón se anticipó a la zaga contraria tras una vertiginosa incursión batiendo las redes y desatando un estruendo monumental en el coloso de la Ciudadela Veinte de Julio; un golpe psicológico tan temprano que validó la propuesta de presión alta de Arias y obligó a replantear sobre la marcha los planes del equipo visitante.
El Junior de Barranquilla, cómodo con la ventaja temprana, ejecutó a la perfección la estrategia de su cuerpo técnico, permitiendo que el rival intentara adueñarse de las acciones mediante una circulación pausada que promedió el 58% de la posesión. Sin embargo, el esquema defensivo diseñado por Alfredo Arias hizo que este dominio territorial del oponente resultara completamente estéril y carente de profundidad. Los tiburones mantuvieron un control defensivo impecable con apenas un 42% de tenencia, aguardando pacientemente el momento idóneo para castigar los espacios descubiertos.
Fue así como la jerarquía de Luis Fernando Muriel emergió para inclinar definitivamente la balanza antes del descanso y darle la razón a la pizarra del entrenador. Sobre el minuto 36, el experimentado atacante capitalizó una brillante jugada colectiva para firmar el 2-0 parcial, dejando en evidencia la pegada de un Junior que sufría muy poco y que aceleraba el ritmo de forma demoledora. Al elenco barranquillero no le hacía falta amasar la pelota para herir de muerte, le bastaba con la verticalidad automatizada que Arias ha inyectado en sus dirigidos.
En la etapa complementaria, la tónica no experimentó mayores alteraciones y el golpe de gracia para consolidar el trabajo del técnico llegó muy temprano por la vía del tiro penal. Nuevamente Luis Muriel, exhibiendo su frialdad característica desde los doce pasos en el minuto 53, mandó a guardar el esférico para el 3-0 definitivo, sellando un doblete consagratorio. Este gol no solo premió la paciencia del Tiburón, sino que reflejó la desesperación de un rival que cayó en la indisciplina, permitiendo a Junior manejar los tiempos con total madurez táctica.
Las estadísticas finales del compromiso desnudaron por completo la superioridad del plan de juego rojiblanco sobre el césped caribeño. Mientras el Junior de Alfredo Arias ensayó un total de 15 remates, direccionando 7 con destino franco al arco, la escuadra visitante se diluyó en aproximaciones tímidas con apenas 3 disparos entre los tres palos defendidos por el guardameta local. El desequilibrio en las áreas fue absoluto, una realidad que también se vio reflejada en la producción ofensiva de los tiros de esquina, donde los tiburones cobraron 6 frente a solo 3 de su oponente.
Con este panorama ideal y una sólida ventaja en el bolsillo, el Junior de Barranquilla llegará al partido de vuelta con el respaldo de haber firmado una presentación idónea en su feudo. Alfredo Arias y sus dirigidos viajarán a territorio montañero con la tranquilidad que otorga la diferencia de tres goles, sabiendo perfectamente que restan 90 minutos de máxima concentración. La escuadra de la Arenosa está a solo un paso de bordar una nueva estrella en su escudo tras haberle regalado una noche perfecta de orden y contundencia a su ferviente hinchada.
