Pogačar conquista la Vía Roma: El Monumento que faltaba en el altar del ‘Caníbal’ moderno

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Siete veces lo logró Eddy Merckx, cuatro Gino Bartali y otras tres Fausto Coppi. Nombres que resuenan en las arenas movedizas de la primavera ciclista. Sin embargo, para Tadej Pogačar, el ciclista que parece haber llegado del futuro para reclamar el pasado, la Milán-San Remo era una fortaleza impenetrable. El monumento más largo de la temporada, con sus 298 kilómetros de puro nervio, se le había resistido en cuatro ediciones consecutivas, alimentando una frustración que el propio esloveno llegó a calificar de «mortal». Hasta este sábado.

El drama antes del éxtasis La épica de 2026 comenzó con un susto que paralizó los corazones en el coche del UAE Team Emirates. A solo 32 kilómetros de la meta, en las calles de Imperia, un enganchón inoportuno mandó a Pogačar al suelo. Con el muslo quemado por el asfalto y la rodilla ensangrentada, el portador del maillot arcoíris tuvo que emprender una persecución frenética. Conectó con la cabeza justo en las primeras rampas de la Cipressa, un esfuerzo que habría hundido a cualquier otro, pero que en él funcionó como combustible.

El sprint que rompió la historia En la Vía Roma, tras seis horas y media de batalla, el destino se redujo a un duelo de miradas entre Pogačar y un Tom Pidcock en estado de gracia. El esloveno, que había memorizado cada curva del Poggio gracias a sus entrenamientos secretos con Niccoló Bonifazio, lanzó un ataque de fuerza atómica. Cruzó la línea por apenas un palmo, estallando en gritos de incredulidad y lágrimas. Con 11 monumentos ya en su vitrina, Pogačar iguala a Roger de Vlaeminck y mira de cerca el trono absoluto de Merckx.